lo religioso como problema filosófico

LO RELIGIOSO Y LO FILOSOFO

La filosofía de la religión se deriva tanto de la experiencia interior como de la experiencia ambiental del individuo , afectada por una diversidad de factores como el estado social, las condiciones económicas, las oportunidades de instrucción, las tendencias morales, las influencias institucionales, los desarrollos políticos, las tendencias raciales y las enseñanzas religiosas.

Entonces la Filosofía de la Religión, constituye el estudio del como se desarrollaron las ideas más el vivir experimentalmente filosofía y religión y por lo tanto la conclusiones filosóficas dependen en gran medida del pensamiento filosófico en accion . Asi la gran diferencia entre una filosofía religiosa y una no religiosa del vivir, consiste en la naturaleza y nivel de los valores  reconocidos y en el objeto de las lealtades.

Por otra parte Filosofía y Religión, en su expresión doctrinal tienen aspectos de coincidencia que se pueden precisar: la primera es representación, la segunda es concepto del espíritu absoluto. Tienen en común el contenido, las exigencias y los intereses. "Por eso la filosofía teologal es la ocupación con Dios, es por eso mismo un servicio divino". Investigadores como Émile Durkheim, Georg Simmel, Max Weber, Ernst Troeltsch, Lucien Lévy-Bruhl, etc. basan sus resultados en aspectos empíricos que no se adhieren a la postura crítica y combativa contra la religión, sino que parten del supuesto de que ésta puede estudiarse de forma objetiva y neutral como cualquier otro fenómeno de la sociedad.

Miguel de Unamuno por su parte se interesa en señalar que entre Filosofía y Religión, existe una relación de gran tensión pero al mismo tiempo de complementariedad: Señala que son enemigas pero se necesitan; y por lo tanto no puede existir Religión sin una base filosófica concreta, ni puede existir una Filosofía sin encontrar en su historia algunas raíces religiosas. La historia de la filosofia
 es la historia de la religión, ambas tienen el mismo campo de acción pues reflexionan sobre problemas
 que preocupan desde siempre al hombre: la vida y la muerte , el dolor y la felicidad, la esperanza y la desesperación, 







LA RELIGIÓN  EN LA EDAD MEDIA 

La Iglesia en la Edad Media fue una institución muy poderosa ya que fue una época profundamente religiosa. Por eso, la Iglesia católica tuvo mucha influencia sobre la sociedad y, aunque existían otros credos, en el siglo XI Europa era en gran parte cristiana.
Más allá de las fronteras que separaban los reinos europeos nació un nuevo concepto de unión: la cristiandad.
A pesar de estos logros, la cristiandad se vio profundamente afectada cuando el año 1054, los obispos bizantinos negaron la autoridad del Papa provocando el llamado cisma de Oriente.
Desde entonces, el mundo cristiano europeo se dividió en dos: Oriente optó por la Iglesia griega ortodoxa, mientras que Occidente se mantuvo fiel a la Iglesia católica romana.
En Occidente, la Iglesia se vinculó estrechamente a la sociedad feudal; la misma Iglesia era un gran poder feudal, pues poseía la tercera parte de la propiedad territorial del mundo católico y entre otras cosas, tenía derecho al diezmo, que era le décima parte de las cosechas de toda la gente.
Además, muchos miembros de la nobleza llegaron a ser obispos. Ellos recibían su diócesis como concesiones de los reyes o de otros nobles y al igual que cualquier otro señor feudal, disponían de feudos y de numerosos vasallos. Como consecuencia de esto, la Iglesia se secularizó y sus costumbres se relajaron.


LA MUERTE EN LA FILOSOFIA


Hay algo después de la muerte? Existen al menos cuatro tradiciones filosóficas. Las más famosas son las que responden que sí (Platón, por ejemplo, planteó una versión de la doctrina de la reencarnación); que no (la mayoría de los ateos), y que no se sabe (Protágoras, por ejemplo). La menos popular en la historia es la cuarta, la del entierro de mi abuela y de la que hablaré. Freud señaló que nadie es capaz de imaginar su propia muerte, puesto que al imaginar cualquier cosa uno está presente como observador (inténtelo, amable lectora o lector, a ver si Freud tenía razón). Así que, incluso quienes pensamos que la muerte es el final, somos incapaces de darle un contenido concreto a ese pensamiento. Lo natural es pensar que duraremos por siempre. Pero, al mismo tiempo, eso muestra que dicha creencia esencial para la salud mental es también absurda (Hobbes dijo que el absurdo era “un privilegio al que ninguna criatura está sujeta, salvo los humanos”. Agregó que son los filósofos quienes más gozan de este privilegio). Queremos ser inmortales y creemos que lo somos porque sabemos con nuestros huesos y carne que moriremos y no quedará nada de nosotros (como dijo un poeta: “… ni siquiera el recuerdo quedará en nuestros huesos”). El cálculo de la cantidad de humanos que hemos existido oscila entre poco menos y más de 100.000 millones. Pero también nos creemos individuos únicos. Noventa mil millones de seres irrepetibles parece un chiste, pero no podemos vivir sin tomarnos en serio. Es común que las personas, por ejemplo, al recordar a los muertos que amaron, digan cosas como: “Hoy estás más presente que nunca” o “Queremos que sepas, allá desde donde nos estás mirando, que sigues viva en nuestra memoria”… Algo que hermana a todas estas expresiones es que son el reverso exacto de la verdad: los muertos ya no están entre nosotros, ni en ninguna parte. Está, también, el sorprendente apego a este mundo por quienes predican que hay otro mejor después de la muerte. Y la lista sigue.











Comentarios

Entradas populares de este blog

Epistemoligia