MAQUIABELO , Y EL ARTE DE LA POLÍTICA
BIOGRAFÍA
Maquiavelo (en italiano Niccolo Machiavelli). Nacido en 1469 y muerto en 1527, muchos le consideran el padre de la ciencia política moderna. Como si esto no fuese suficiente, sus escritos hacen parte de las cumbres de la lengua italiana. Maquiavelo escribió tratados de política, de estrategia militar y de historia; escribió poemas y comedias; compuso canciones, y dio lugar a una correspondencia que goza de admiración por la elegancia y la belleza de su lenguaje. Tuvo además una agitada vida como funcionario, y en tal calidad fue partícipe de aquel incierto drama político que era la Italia del Renacimiento, con sus grandes señores, con sus mecenas, con sus letales rivalidades, sus conspiraciones y sus envenenamientos. Todo lo cual ocurría dentro del contexto del resurgir de las artes y las ciencias: era también la época de Leonardo y Miguel Ángel
FRASES DE MAQUIABELO
. NADA GRANDIOSO FUE JAMAS CONSEGUIDO SIN PELIGRO
. EL QUE QUIERE SER OBEDECIDO DEBE SABER MANDAR
. ES MEJOR SABER ACTUAL Y ARREPENTIRSE QUE NO ACTUAR Y ARREPENTIRSE
LA MAS IMPORTANTE
EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS
ES UNA FRASE QUE SEÑALA AL INDIVIDUO DISPUESTO A REALIZAR CUALQUIER COSA QUE DESEA PARA CONSEGUIR O CUMPLIR UN OBJETIVO , SE EMPLEA PARA EVADIR CUALQUIER ACTO QUE SON CONTRARIO A LA ÉTICA Y BUENAS COSTUMBRES
DE QUE TRATA CADA UNO DE LOS CAPÍTULOS
CAPÍTULO I
DE LAS DISTINTAS CLASES DE PRINCIPADOS Y LA FORMA EN QUE SE ADQUIEREN.
Todos los Estados, todas las dominaciones que han ejercido y ejercen soberanía sobre los hombres, fueron y son repúblicas o principados. Los principados son o hereditarios o como miembros agregados al estado hereditario del príncipe que los adquiere.
CAPÍTULO II
DE LOS PRINCIPADOS HEREDITARIOS
Este capitulo señala como pueden y deben y deben gobernarse los principados.
Es más fácil conservar un Estado hereditario, acostumbrado a una familia y basta con no alterar el orden establecido por príncipes anteriores, y con temporalizar después con los cambios que pueden producirse. Es lógico que sea más amado y a que menos vicios excesivos le traigan el odio es razonable que le quieran con naturalidad los suyos.
CAPÍTULO III
DE LOS PRINCIPADOS MIXTOS.
Las dificultades que existen en los nuevos principados como miembro agregado a un conjunto anterior, sus incertidumbres nacen de una simple dificultad que se encuentra en todos los principados nuevos, dificultad que consiste en que los hombres cambian con gusto de señor, creyendo mejorar, impulsados a tomar armas contra él en lo cual se engañan pues luego han empeorado. El príncipe se ve obligado a ofender a sus súbditos, de modo que tiene por enemigos a todos los que se ha ofendido al ocupar el principado, y no se puede conservar como amigos a los que les han ayudado a conquistarlo porque no se pueden satisfacer las necesidades como ellos esperaban.
Los territorios revoltosos se pierden con más dificultad cuando se conquistan por segunda vez.
Estos estados que al adquirirse se agrega a uno más antiguo, de la misma provincia y de la misma lengua es muy fácil conservados, sobre todo cuando están acostumbrados a vivir libres; y para afianzarse en el poder , siempre que se conserven sus costumbres y las ventajas que gozaban permanecerán tranquilos y pueden permanecer en total armonía. Se deben tener dos cuidados: que la descendencia del príncipe anterior desaparezca y que ni sus leyes ni sus atributos sean alterados.
Cuando se adquieren Estados en una provincia con idioma, costumbres y organización diferentes, surgen dificultades y uno de los remedios que la persona que los adquiera es que fuera a vivir en ellos, así se ven nacer los desórdenes y se pueden reprimir con prontitud, de este modo también adquieren más respeto y con mucha dificultad suelen perderlo.
Otro buen remedio es enviar a algunas colonias a alguno de los lugares que sean como llaves para aquel Estado.; las colonias no cuestan, son más fieles y entrañan menos peligro, los damnificados no pueden causar molestias porque son pobres y están demasiado aislados.
A los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, la ofensa que se le haga al hombre debe ser tal, que le resulte imposible vengarse.
Si en ves de colonias se emplean tropas, e gasto es mucho mayor, por el mantenimiento de la guardia, se perjudica e incomoda a todos y por lo cual, se vuelven enemigos.
El príncipe que anexe una provincia con organización y costumbres diferentes a la suya debe convertirse en defensor de los vecinos menos poderosos para debilitar a los de mayor imperio y cuidarse de que entre a su estado un extranjero tan poderoso cómo él ya que se le adhieren todos los que sienten envidia del que es más fuerte ya que enseguida y de buena gana forman un bloque con estado invasor.
ANÁLISIS DEL PENSAMIENTO EN LA ACTUALIDAD
La doctrina maquiaveliana reúne antropología y política convirtiendo a la primera en fundamento de la segunda. El procedimiento mediante el que se construye dicha unidad es el método inductivo, que proclama sus verdades mediante inferencias empíricas. Digámoslo ya: no es de recibo calificar de absolutas tales verdades, y por ello, en ese aspecto, Maquiavelo no es actual. Pero mutatis mutandis el resto de ideas comprendidas en dicha relación entre antropología y política hace del famoso secretario florentino un contemporáneo nuestro.
Para empezar: sin verificación empírica de las hipótesis con las que se inicia toda investigación no hay ciencia, salvo en los casos de la matemática y la lógica. Desde luego, no habría ciencias sociales, la política entre ellas. Es lo que hace Maquiavelo, bien que extremando la función oracular -por valernos de la metáfora de Hamilton- de la experiencia. Su punto de partida es la manifiesta constancia de la bondad y maldad connaturales al hombre, así como de su condición social. Y a través de esa identidad de la naturaleza humana se accede con naturalidad a reivindicar el estudio de los hechos presentes y pasados, de los hechos políticos actuales y de los históricos, como una función de la política; o, por decirlo con una palabra de claro regusto maquiaveliano, como una necesidad. El conocimiento de las eternas verdades presentes en la experiencia contemporánea e histórica permite al gobernante moverse con gran soltura en el proceloso mar de la conservación del Estado y su mantenimiento en el gobierno.el libro giran todas en torno al poder. Es un perfecto manual de las técnicas de poder, y de cómo toda acción política debe ser evaluada en función de su capacidad para obtenerlo y mantenerlo, no de su ajuste más o menos cabal a los imperativos de la moralidad. Lo que importa es el éxito a la hora de buscar este objetivo, y aquel condiciona la naturaleza de los medios que sean necesarios para alcanzarlo. “El que quiere el fin debe querer los medios”, que diría Nietzsche. Y los medios que se requieren para el sustento y la protección del Estado —o la conservación del poder por parte del príncipe— no siempre se prestan a los dictados de la acción moral. Es más, si un gobernante no está dispuesto a renunciar a la moral cuando las circunstancias así lo exijan, más vale que se dedique a otra cosa. “Un príncipe que quiera mantenerse como tal debe aprender a no ser necesariamente bueno, y usar esto o no según lo precise”. Vicio y virtud serían así categorías de la moral, no de la política. Porque la política exige mancharse las manos, es irreconciliable con una visión de la realidad en la que la acción moral siempre nos ofrece una alternativa a lo que se impone como necesario, que haya algo así como una armonía entre principios éticos y las consecuencias específicas derivadas de aplicarlos .

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